Libertad y existencia infante

La cuestión de la libertad ha sido un nudo gordiano en el pensamiento sobre la existencia humana. El ser humano libre es el individuo que toma decisiones, cuyo origen será ella o él mismo. Y el problema que se le presenta a quien piensa la libertad es que resulta extraordinariamente complicado argumentar convincentemente sobre su origen. Si las decisiones se originan en el individuo, ¿será en su espíritu, en su psiquis, en su biología? Pero, entonces, ¿no estará determinado por su espíritu, psiquis o biología?

Por lo demás, en el pensamiento de las últimas décadas, con una fuerte influencia de los análisis de Michel Foucault, se ha extendido la sospecha de que, aun buscando concienzudamente realizar los sueños más privados no se hace sino cumplir aquello a lo que se está determinado (Nikolas Rose).

La libertad es un asunto fundamental para la comprensión de lo que somos (Benjamin Libet). Entonces, ¿no debiera, cada ser humano, pensar la libertad en su existencia? Pero puede ser que no sea posible pensar sobre el origen de la libertad. Aunque así fuera, todavía será posible pensar sobre las condiciones que posibilitarán que los seres humanos tomemos decisiones libremente.

Proponemos que la condición que hará posible que el individuo tome decisiones libremente, será aquella que le permitirá que su existencia infante irrumpa como origen de esas decisiones. La infancia no es sólo una etapa de la existencia humana; cuando el ser humano supera su etapa de infante, su existencia infante coexistirá con su existencia en el lenguaje.

La existencia en el lenguaje es la existencia en que es posible distinguir las montañas que se dibujan en el horizonte, el pan recién salido del horno, el peligro de la calle. Sólo en esa existencia se descubrirán posibilidades sujetas a condiciones y se tomarán decisiones. Pero, para que la decisión del individuo sea libre, para que su origen esté en la existencia del individuo, ese origen tendrá que ser la existencia en su modalidad infante.

Y será en la relación íntima entre el adulto y el infante, que será posible que irrumpa la infancia como origen de las decisiones. Para eso, el adulto tendrá que relacionarse con EL INFANTE, sin reducirlo a lo que cabe en su mundo. Así hará posible que, en la existencia de esa niña o niño, la infancia pueda irrumpir como el origen de sus decisiones. Y, por su parte, responderle al infante será una respuesta libre del adulto, respuesta inspirada en la existencia del infante.

Proponemos, que sólo en la relación íntima entre el adulto y el infante, se implica la libertad en la existencia humana.

Fundación Cinco Pieles

Créditos Imagen: Ilustración de Fiep Westendorp