¿De dónde viene el infante?

¿De dónde viene este infante bañado en sangre y líquido amniótico?

Para responder a esa pregunta se podrá retroceder en el tiempo, hasta cuando el infante era embrión, feto, mórula, un óvulo y espermio que se fusionan. ¿Será, entonces, que el origen del infante está en esa fusión? Y, si se quiere ir más atrás, se podrá retroceder hasta que se formó el óvulo y espermio, las moléculas, los átomos, el Big Bang. Este será el camino que seguirá un materialista, en su búsqueda del origen del infante.

Ciertamente, el origen del organismo humano es la fusión de un óvulo y un espermio, la formación de las moléculas o los átomos. Pero ¿el ser humano es sólo eso?, ¿está totalmente contenido en su materia? Se ha acumulado abundante información sobre el origen y la existencia material del ser humano, pero ¿cómo probar que eso es todo, que la existencia humana no es más que lo contenido en su materia?

Esto no ha sido demostrado ni nos parece posible que se llegue a demostrar.

Quienes se oponen al materialismo, plantean que el origen del infante está en lo inmaterial. Entonces, sin desconocer que el ser humano es un organismo biológico, cuyo origen es la fusión de un óvulo y un espermio, dirán que lo esencial del ser humano es anterior e invisible, que esa esencia es inmaterial y que su origen también lo es.

Si bien, resulta fundamentalmente distinto que la existencia humana se origine en lo material o en lo inmaterial, quienes afirman uno u otro origen, comparten un supuesto: que es posible determinar el origen del infante. Esa determinación supone darle una forma al origen, aunque sea la forma de lo inmaterial.

Pero ¿y si no fuera posible determinar el origen del infante?

Abrazando a la hija o hijo que recién nació, en el deslumbramiento de su mirada, ¿no se descubre lo infinito de su existencia, existencia incontenible en un origen, incontenible en cualquier forma, no importa el esplendor y lo extraordinario de ella, sea material o inmaterial? Al origen que no toma forma, desconocido e imposible de conocer, le llamaremos: las alturas.

El nacimiento del infante cuyo origen es las alturas será un milagro en el mundo del adulto que le recibe. El milagro da origen a lo extraordinario, a lo absolutamente nuevo en el mundo; “lo nuevo siempre aparece en forma de milagro… esto es posible debido sólo a que cada hombre es único, de tal manera que con cada nacimiento algo singularmente nuevo entra en el mundo” (Arendt).

Fundación Cinco Pieles

Créditos imagen: Estudio Madre e Hijo, Pablo Picasso.