A mi hijo Nicolás

A MI HIJO NICOLÁS

Hijo flacuchento
como el arbolito junto al caudal
al que te niegas a llamar riachuelo.
Así es tu viaje. Nos hay pasos pequeños
ni gestos reducidos
en las personas
o en las cosas que amas.
Es toda la luz o todo el frío
que te tocan cuando la vida
o el dolor aparecen.
Mi gratitud, amado hijo,
por la sensibilidad del mundo
que descubren tus ojos,
por la inquietud y el reposo
que tus manos reúnen,
por la velita encendida
y la irrupción del relámpago
cada vez que respiras.