Arturo

Salí de mi casa, muchos niños jugaban, también estaba Arturo que vivía al frente, en una casa de adobe, sin agua potable y todas las piezas con piso de tierra. Sin madre, padre alcoholico y una abuela pequeña y enigmática, que siempre estuvo ahí, sosteniendo un presente incierto de abuso y violencia.
Arturo fue parte de la vida del barrio, era aceptado con un dejo de lastima y compasión; le daban comida, dejaban que usara el baño, le daban ropa usada y lo ocupaban para que limpiara las casas o lo mandaban a comprar comida. Fue mi mejor amigo en la infancia, era muy inteligente, tenia una comprensión mas amplia que todos los niños y adolescentes del barrio que se fue marchitando a través de los años por el sufrimiento y una soledad que se expresaba en arranques de rabia por las calles de mi barrio y lo hacia con gritos guturales, golpes en las puertas de las casas con furia y llantos hasta que el cansancio y las lagrimas lo calmaban. Y en esos momentos, nadie salía ni tampoco decian algo, era la angustia del silencio que lo rodeaba hasta que se quedaba dormido en la vereda.