Julio y su patita de conejo

Luego de trabajar en Melocotón, solicité mi traslado a Puente Alto y me destinaron a la Escuela N°29 de la Población Esperanza. Me designaron un primer año con niños pequeños. Era un grupo genial, alegres, traviesos(as), simpáticos, cariñosos. Trabajé con ellos durante 4 años, desde 1971 a 1974. Julio era uno de mis alumnos. Le gustaba hacer rabiar a sus compañeras; a una le decía «morocha» porque era morena, a otra le sacaba la colación, en fin, su vida era una jugarreta. En una ocasión llegó con su mamá y me mostró algo que colgaba de su cuello. Le pregunté, ¿qué era eso?; él contestó muy orgulloso: «es una patita de conejo para la suerte». La mamá lo miraba y sonreía. Durante el tiempo que estuve con ellos siempre llevaba su patita de conejo al cuello. Después de esos años me trasladé y perdí contacto con ellos, pero por las redes sociales nos ubicamos. Él terminó de estudiar, es constructor civil, vive en Irlanda del Norte, formó su familia. Sus hijos son profesionales, es una buena persona, estoy feliz y orgullosa de sus logros.
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