la maternidad sin fronteras

Hermoso es Bengy, nació en Chile hace dos años mas o menos, tiene sus padres haitianos, pero su «madre» chilena, suspira y sueña con él. Se encontraban ocasionalmente, primero fue una forma de ayudar, ahora es una forma de amar. El en su inocencia y candor, ella en toda su entrega y dedicación. Los vi tomados la manos caminando, también jugando y corriendo. siempre juntos, aprovechando cada momento que la vida les regalaba, sin demandas pero con compromiso. Vi a la «madre» reírse como nunca antes, sin tiempo para sacar cuentas u otorgar facturas, mas bien dispuesta a estar en cada instante, más allá de las horas y de los espacios. Bengy, por su parte, era siempre él, un niño sin mas ni menos, inundando de inocencia, afirmando su gustos y probando sus haberes. Fue mas que hermoso verles, fueron momentos de esperanza y complacencia de humanidad, sobre todo en tiempos de desmedida soledad e individualismo. Ella y el nos prodigaban sus vínculos y afectos sin contemplación ni miseria de quien contabiliza sus rendimientos. Hoy se separaron, solo queda a la vida el eventual re-encuentro, pero queda por siempre la confirmación que el amor siempre hace el camino.