Mi hijo Sebastián

Mientras él mira sus manos y yo miro sus ojos,
su pelo, sus orejas o sus hombros,
recorro el mismo silencio que cuando observo
desde lejos las montañas.
Siento que ocurren, a lo lejos, el agua y los pájaros,
el viento y los nidos, la sabia y las abejas.
Viajar en mi hijo es entrar en las montañas,
misteriosos puentes entre un árbol y otro,
reveladores puentes en una misma huella.