Ni Cigüeñas Ni Repollos.

Se demoró en llegar. Lo imaginé tantas veces, con miedo una noche de temporal, lo imaginé una mañana con ganas de saltar. Abriendo un regalo, lo imaginé caminando de la mano. Jugando en el parque, en la playa armando castillos encantados, con un balde amarillo. Saboreando una naranja, jugando con un gato. Lo imaginé riendo a carcajadas.
Le hablé, apenas apareció. Salió como cuando un mago saca sorpresivamente un conejo desde su sombrero de copa. Por primera vez lo nombré. Nos miramos. Se acurrucó entre mi pecho y mis brazos torpes y supe que por fin habíamos nacido.