A mi hija Javiera

El nacimiento de Javiera, ha sido la experiencia más profunda, vital y trascendente para mí.

Profunda, porque convertirme en madre; fue como una explosión de amor incondicional por alguien que llegaba a este mundo a mostrármelo de un modo diferente. Amplió mi sensibilidad, inmensamente. Desde ese día, una ve a sus hijos reflejados en cada niño o niña, sufre o se alegra por lo que les ocurre, está más atenta a cualquier situación que pueda afectarles…

Vital, porque fui “mamabuela” y me hice más consciente de la fragilidad de la vida; sentí que no podía faltarle, que debía acompañarla en el recorrido de su propia existencia, acompañar la realización de sus sueños, contenerla cuando éstos no pudieran cumplirse.

Trascendente porque, verla crecer y convertirse en una persona adulta, escuchar sus ideas y apreciación del mundo; conversar de la vida con mi hija, compartir en familia, reírnos …en fin, rebasa mi propia existencia, me proyecta y ofrece horizontes que me enriquecen como persona.

Quién podría haberme dicho, siendo muy pequeña: “mamá, te quiero más que al mundo con las estrellas grandes y luminosas, como un arcoíris…” nadie más que mi hija; ella ha iluminado mi vida!

Eugenia.
Julio/2020