Un huevito

Luisa me contaba que cuando era niña iba a ver a sus abuelos a La Serena. Su abuela tenía preferencia por sus primos más adinerados. A ellos en la mañana les preparaba huevos de desayuno, en cambio a Luisa y sus hermanas les daba pan solo. Un día Luisa le preguntó:
«Abuelita ¿Por qué yo no puedo comer huevito en la mañana? Y la abuela le contestó: «Porque tú no te levantas temprano». Al día siguiente Luisa estaba con su carita limpia y bien peinada a las 6 de la mañana en la cocina, para que la abuela le diera un huevito, pero ella la ignoró y -como al resto de sus hermanitas- le dio pan sin huevo.
Luisa ahora ya no es una niña tiene casi 60 años y es mi madrina pero yo no dejo de pensar en la niñita que lleva en su interior y que se quedó sin huevito, así que cada vez que tengo que servirle desayuno a Luisa le preparo huevos frescos.